
Ahora las cosas pintaban mejor. La recuperación del gran Jonny Wilkinson para el rugby internacional (¿qué dirán ahora aquellos que el año pasado lo querían jubilar prematuramente en beneficio del pipiolo Cipriani?) y una prometedora generación de jugadores (Monye, Armitage, Banahan, Care, Geraghty, Cipriani, etc.) daban esperanzas a los ingleses para los próximos tests de noviembre. Pero nada, una epidemia incontrolable de lesiones ha dejado en cuadro al equipo dirigido por Johnson, que tendrá que llamar a jugadores poco habituales o inéditos con la zamarra de la rosa (sobre todo para la primera línea, desmadejada totalmente). La lista de lesionados es tan grande que seguro que me dejo alguno, pero más o menos estos jugadores no van a estar en Twickenham este otoño: los centros Riki Flutey y Turner-Hall, los zagueros Delon Armitage y Olly Morgan, los primeras líneas Sheridan, Mears, Vickery y White, el segunda Simon Shaw, los terceras Easter, Rees y Narraway, el medio melé Ellis, el centro-apertura Toby Flood, el mismo Cipriani, etc. Un solar.
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