lunes, 19 de octubre de 2015

Los últimos serán los primeros... o casi




        Permítanme echarle una mano a los Evangelios para ilustrar lo acaecido ayer en Twickenham. Un servidor se quedó estupefacto, pero imagino que la sensación fue bastante generalizada, sobre todo en los propios escoceses. Porque es muy difícil de entender que un equipo que no mereció pasar a cuartos, esta vez sí tendría que haber alcanzado las semifinales. Pero es el delirio absoluto, el derrumbe de toda lógica, ¡que el Cuchara de Madera del VI Naciones haya estado a un pelo de salvar el honor del Norte frente al ganador del antiguo Tri Nations este 2015! Pero al final, como sucede a veces, Escocia pagó en su mejor partido los pecados cometidos anteriormente, pues fue mucho más digno ayer en la derrota que en sus victorias ante Japón o Samoa. Ganar habría sido más importante históricamente que la gesta de los nipones frente a Sudáfrica.
        El caso es que rugbísticamente la Escocia de Vern Cotter no parece haberse movido demasiado. Siguen sin saber lo que es jugar a la mano con cierta soltura. Las pocas veces que consiguen alcanzar la línea de 22 rival, les entra un sofoco y pasan fatal o se les cae el oval. Por eso pocos recordaremos un ensayo bonito y gestionado por ellos mismos en ágil jugada. Sus tries siempre son como los de ayer: al contraataque y aprovechando errores del rival. Pero en este caso hay que reconocerle a los más norteños del norte rugbístico que pusieron cojones en el campo, dieron el callo porque, no teniendo nada que perder, fueron a por todas con un gran nivel de intensidad. De hecho, podemos decir que si no fuera por el nefasto Joubert (es rarísimo que no quisiera salir de dudas con el TMO, con lo presente que ha estado este artilugio en el Mundial), hoy dormirían en semifinales. ¡Si hasta parecían tener a favor a los elementos!, con esa lluvia que apareció en los últimos 10 minutos para teñir el escenario de bruma de las Highlands. No quiero olvidarme, eso sí, del detalle antideportivo de silbar el tiro in extremis de Foley (a Giteau le hicieron lo mismo en 2009).
        También hay que reconocer que el susto tremendo de los Wallabies ha sido demérito de los de Cheika. Porque, ¿de verdad la defensa del Wallaby Wall (sin Pocock esta vez) es la que se ha dejado levantar el primer try escocés por un ruck tan mal defendido que parecían el sub20 de Uruguay? ¿De verdad el Foley que hizo el partido perfecto ante Inglaterra (al final habrá que reconocer que ante la Inglaterra de Lancaster todos los rivales parecen Lomu o Gareth Edwards!) es el mismo que ha perpetrado uno de los más espantosos encuentros que le he visto a un apertura? ¿Y qué pasa con el super scrum que había diseñado Mario Ledesma, hecho ayer unos zorros por el paquete caledonio? Yo creo que los australianos le han faltado, y mucho, al respeto a los caledonios. A lo mejor me leen el blog y han pensado de verdad que ganaban antes de jugar (es broma). Tras su primer arreón, con un try fallado (cómo no, por Foley) y otro conseguido por Ashley Cooper, todo parecía facilísimo y enconces decidieron echarse la siesta. Cuando despertaron, los escoceses ya estaban por delante. Al final, ni Australia era tan buena cuando derrotó a Inglaterra, ni tan mala ayer. La clave siempre es salir motivados, aunque juegues frente a Namibia o el XV del Kalahari. Si no, suceden estos sofocos. Nueva Zelanda el sábado barrió a Francia en un partido que tenía a priori claramente a favor, pero la motivación fue un elemento para estar al 100 % en el partido: había cuentas pendientes, vengarse de las derrotas de 1999 y 2007, y del casi Maracanazo de 2011. Australia en cambio no tenía motivación en el cruce de cuartos que se antojaba más asequible. O que Pocock es más necesario que McCaw en los de negro, quién sabe. Sospecho que tras lo de Twickenham, todo volverá a su estado natural: Escocia renovando su Cuchara de Madera (este año toca jugar en Roma) y Australia luchándole el campeonato a los todopoderosos All Blacks (por algo son los únicos que le han derrotado este 2015). Pero tampoco descartaría una machada de los Pumas en semifinales.

        Luego está el Irlanda-Argentina, cuyo resultado no fue en absoluto justo, porque Irlanda dominó la mayor parte del encuentro. El problema fue la pájara inicial (3-20) de la que no supo ya sobreponerse, y del rush final (0-17). Los argentinos aprovecharon sus dos momentos de intensidad, pero estuvieron muy erráticos en la creación, parecían no saber jugar más que en terreno abierto, con las líneas rivales separadas. Salir perdiendo tan pronto, obligó a los irlandeses a intensificar su defensa, de ahí las penalizaciones que se fue cobrando Sánchez, Man of the match. Por supuesto, voy a dormir perfectamente tras la eliminación irlandesa (me sabe mal por Best, Henry y Bowe, pero ya saben que preferiría que jugaran bajo la bandera de Irlanda del Norte, o de Inglaterra mismo), pero creo que ha sido injusta. Siguen sin pisar semifinales de un Mundial, pero el enorme trabajo de mi admirado Joe Schmidt se ha seguido notando durante gran parte del encuentro. Sin embargo, toca resignarse: Irlanda tiene la plantilla que tiene, sin O'Driscoll, O'Gara y compañía, y encima sus bajas han sido decisivas. Se ha hablado mucho de las bajas galesas, pero aunque han sido más numerosas que las irlandesas, éstas se han cebado todas ellas en jugadores decisivos. Es como si Gales, junto a Halfpenny y Jonathan Davies, tampoco hubiera podido contar con Biggar (!) y Alun Wynn Jones, casi nada. Schmidt ha hecho lo que ha podido, y además de grandísimo entrenador es un señor cabal y sosegado. Comparado con el frenesí locoide de Meyer, Schmidt parece un monje benedictino.

domingo, 18 de octubre de 2015

El fin del Norte

     


        Siempre lo han tenido más complicado, por mil motivos, pero este Mundial se antoja como la confirmación devastadora de que el Norte rugbístico ha sido devorado por el insaciable hemisferio Sur. Si los Pumas vencen a los irlandeses, cosa que veo muy posible, se habrá consumado el dominio total (el otro partido tendrá tanta historia como el del Nueva Zelanda-Francia, o sea, ninguno, cero, nein). Todavía no he visto la hecatómbica humillación del antiguo rugby champagne, pero duele solo ver el resultado. Aunque duele menos cuando recuerdas que le han dado su merecido, como desde Filorugby se vaticinó (más infalible que Bergoglio, no lo olviden), al espantoso equipo de Saint André, que sobreactuó a propósito de la agresión de O'Brien lo que no mostraron en el campo. No hay más excusas: el rugby francés está en la UVI. Y su responsable se llama Top14. O, si vamos a los apellidos, Monsieur Boudjellal y sus Toulon Globetrotters.

        Sí pude ver el partidazo, más en intensidad que en juego, entre Gales y Sudáfrica, mis dos queridos equipos, aunque en aprecio siempre un paso por detrás de la (im)Perfecta Albión. Grandioso Dan Biggar, la coronación de este hombre en el Mundial está siendo indiscutible. Y es hora de responsabilizar a Gatland, que siempre ha sido muy especialito, de no haberle dado la batuta antes, porque Biggar ya no es un chaval (26 tacos) y desde hace años que destaca en los Ospreys. Ayer lo hacía todo: placaba, pateaba, corría, saltaba como un bailarín por encima de los rucks, etc. Sólo falló un tiro a palos, que corrigió inmediatamente con un precioso drop. Fue un síntoma sombrío verle abandonar el campo a disgusto, a 5 minutos del final, parece ser que por un golpe. Estaba siendo el talismán y catalizador de los suyos. Los malos augurios se confirmaron enseguida: sin Biggar, Gales ya no defendió igual, es como si hubieran perdido el alma, y entonces llegó el brillante ensayo del gran Du Preez (chicos de Canal +, se pronuncia Du Pría) gracias a una salida perfecta del scrum con off load a lo Magic Johnson de Vermeulen, que no acostumbra a ser un 8 muy sutil, pero que ayer lo fue en el momento preciso. Gales parecía haberse inspirado en el clinic que les dieron en defensa los Wallabies una semana atrás, y desplegaron ese saber sobre la hierba de Twickenham (jugaban 'en casa', sólo les faltó ir de blanco, jajajaj. En fin, mi obsesión anglogalesa*). También es cierto que los Springboks no se lo pusieron muy difícil, porque ya pueden tirar de unos recursos físicos imponentes, pero lo que es rugby tienen muy poco. Y menos desde que los dirige un Heynecke Meyer entregado a la demencia (¿le han visto cómo se vuelve loco en su pecera? Es tremendo, parece un psicokiller). Gales tocó con los dedos las semifinales, pero Sudáfrica tiene algunos jugadores con mucha calidad, como es el caso de Du Preez, sin ir más lejos, y a veces la calidad individual se sobrepone a la ramplonería del juego de equipo. Los de rojo pagaron aquí el coste de las penalizaciones que habían cometido, en un encuentro en el que no dominaron el breakdown como se esperaba (sus flankers son más dinámicos que los gorilas bokke).
        Gales abandona el torneo con la cabeza alta... pero sería un error caer en la autocomplacencia. Superado mi cabreo por su victoria ante Inglaterra, sigo pensando lo mismo: Gales tiene un problema. Y su salida de este Mundial lo ejemplifica con creces: les basta con haber ganado a Inglaterra. Cuando desaprovecharon ante Australia una oportunidad única, más de 10 minutos en superioridad, con posesión y en el umbral del try. Ganar hace siete días los ponía con un pie y medio en la final. Y ayer, por muchas bajas que tuvieran, no fueron capaces de vencer a los peores Springboks de la historia de los mundiales. Unos sudafricanos que no juegan a nada más que a sacar petróleo de sus riñones y que, por cierto, también contaban con bajas notables (De Villiers, Matfield, Frans Steyn, Brüssow, Spies). Creo que Gales ha sobredimensionado la importancia de sus lesiones (cuando de los 7 u 8 bajas sólo 2 eran claves: Halfpenny y Jonathan Davies II. Los demás o no eran claves o directamente eran suplentes), y que ese regodeo en su supuesta debilidad (los llamados para suplir las bajas eran tipos de la calidad de Anscombe, Hook o Gareth Davies) ha limitado su instinto asesino. Lo he dicho ya alguna vez y pienso repetirlo, aunque alguno se enfade: si Gales le hubiera jugado a Australia, sobre todo en esos minutos clave de la superioridad numérica, o ayer a estos lamentables Springboks, con la furia asesina con que suelen enfrentarse a Inglaterra ya habrían ganado algún Mundial. Pero, mientras sigan conformándose con haber hecho "un buen Mundial a pesar de las bajas", y les baste con ganar al viejo enemigo (la Inglaterra peor dirigida de su historia), seguirán igual. Para poder volar libre, Gales tiene que dejar de estar siempre pendiente del vecino.

        *Hace poco volví a ver El corazón del ángel (de Alan Parker). Habría que contactar con Johnny Favourite para saber el conjuro que permitiera, tras un limpio y eficiente secuestro, transformar a Biggar en otra persona, a ser posible ciudadano de Lancashire, y ponerlo a jugar en Leicester con su nueva identidad (ya de paso, habría que erradicarle esos insufribles tics que muestra cuando tira a palos). Debutaría con la zamarra de la Perfecta en el VI Naciones 2016.
       

lunes, 12 de octubre de 2015

In Schmidt they trust

   
         Si la evolución de la Irlanda rugbística (recordemos, la Irlanda unida que sólo se da en rugby y cricket... aunque luego el capitán de la Inglaterra de ODI sea un dublinés!) tiene que ver con devociones, está claro que se ésta ha ido abandonando la hierba mojada para consagrarse en el pabellón estratégico que dirige un neocelandés con un pelete muy extraño. El ojo de Leinster para fichar mariscales es asombroso: Cheika, el propio Schmidt. A ver ahora Cullen qué tal. Sin duda, uno por uno, los jugadores de la Irlanda de hoy están uno o dos pasos por detrás del Dream Team de 2003 o 2007. Pero han encontrado al Alquimista de las Antípodas que ha conseguido cohesionar un grupo granítico que funciona de una manera estructurada y dinámica. Ayer ante la ex-Grandeur (el iconoclasta Jacques Dutronc diría "La Merdeur") cuajó esta vía grupal, de manera que 3 bajas muy sensibles (Sexton, O'Connell y O'Mahony) no se notaron apenas, incluso el equipo fue a más! Ante Argentina en cuartos seguramente tampoco podrán contar con O'Brien, un flanker impresionante, que le asestó un machetazo a Pape en las costillas), pero no me extrañaría nada que eso no generara un descenso del rendimiento colectivo, aunque los Pumas son a día de hoy un rival mucho más complicado que los del gallo. Lo de Schmidt es olímpico. Con decir que ha convertido a un paquete como Madigan en un apertura consistente... Espero que la Perfecta tome nota y pida un crédito al FMI, o solicite la ayuda monetaria de la Corona si hace falta (si Liz the Queen no está por la labor, para algo tenemos a Harry...), para fichar a este genio (aunque con Jake White me conformo).
     
        Lo de Francia es todo lo contrario: ni mariscal ni jugadores. Confianza cero. Bastareaud ejemplifica la imparable evolución a peor (más kilos, menos talento) de este equipo que ya ha olvidado definitivamente el champagne. Cada día tengo más claro que a nivel de Les Bleus les está saliendo muy mal la jugada de los Boudjellal & co.: fichar a todo bicho viviente y potenciar el Top14. Porque la calidad de sus jugadores autóctonos cada día es peor. En momentos como el de ayer es cuando hay que exigirle a Saint André por qué no se llevó a Trinh-Duc. Sin duda, los All Blacks ya están en semis, aunque como todavía tenemos reciente en la retina la bipolaridad absoluta de la Francia de Lievrèmont, quién sabe si se activan en cuartos y dan un poco de guerra. Pero sólo dos cruces de cuartos tendrán verdadera intriga.

domingo, 11 de octubre de 2015

The Wallaby Wall



        Pasarán años y seguramente no volveremos a ver una machada defensiva como la de los Wallabies ayer en Twickenham. Si hace 2.000 años por esos lares se construía el Muro de Adriano, anoche se edificó en la vieja Londinium el Wallaby Wall, que no necesitó abarcar 117 km para contener a los celtas. Ya lo ha contado el maestro Old Phil con su habitual talento. El espectáculo fue asombroso, una emulación en clave oval de la refriega en las Termópilas. Parecían defender a sus mujeres e hijos de la torrencial invasión de los hunos. Les iba la vida. En este caso la épica no finalizó con una inmolación masadiana sino con un éxito que eleva a los australianos como favoritos al torneo. Con 13 aguantaron el chaparrón, y después con 14 atacaron con precisión hasta el punto de quedarse a muy poco del try. Siete minutos estuvieron con doble inferioridad, pero desplegaron un escudo defensivo de consistencia granítica, con Moore a la cabeza. La afición aussie se estará preguntando por qué, tras los fallidos Deans y McKenzie, no ficharon a Cheika antes. Y luego el scrum: ojo que el trabajo de Mario Ledesma puede ser de absoluta antología. Cualquiera que recuerde cómo fue barrido el paquete australiano hace 11 meses en Twickenham, y en cambio lo ve ahora con los mismos jugadores arrollar a ingleses y galeses (incluso con sólo 7 en el scrum aguantaban el tipo!), valorará un milagro alquímico que puede ser clave en el torneo. Que aprendan otros (ya saben por dónde voy): se trata de analizar qué falla y mirar de solucionarlo, no enclaustrarse en una burbuja paranoica e infantil.
        Pero sin por un lado el mérito de anoche está claro, por el otro el demérito no puede olvidarse. Porque los galeses desaprovecharon una oportunidad única con todo a su favor, incluso los Duques de Cambridge. Por mucho que Australia desplegara un telón de hierro en el campo, una superioridad de 15 contra 13, en el momento culminante del encuentro, no podía clausurarse de manera tan estéril. Brío no les faltó (sí ese puntillo asesino que sólo despliegan ante Inglaterra, como el Atlético de Madrid ante el Realísimo), pero se careció de ideas, porque, como señala el maestro Blakeway, un tono más pausado para agrupar, atrayendo rivales al ruck, y luego abrir rápidamente a los extremos podría haber dado réditos. North fue placado dos veces a punto de ensayar (gran neutralización de McCalman en el primer caso), Liam Williams una y Faletau desperdició un try casi hecho al caérsele el oval. Al final sigue respetándose la tradición, y ya son 11 las derrotas consecutivas (en 7 años) de los galeses a manos de los australianos. Creo que la clave estuvo en no salir vestidos de blanco y entonando el God save the King Harry, pero qué le vamos a hacer, nadie es perfecto. De todas maneras, tienen opciones de repetir semifinales, porque a los sudafricanos les ganaron el pasado otoño. Por supuesto, eso tampoco es una garantía, porque Gales tiene bajas sensibles y los Springboks están en fase ascendente, entregados a su viejo estilo de rinocerontes desbocados, aunque ni mucho menos acaban de convencer. En cambio, no habrá intriga en el otro cruce, Australia ya está en semifinales.

        Después de la miel, la indigestión. O, más que después, antes, porque jugaron más pronto, en Newcastle. Seré todo lo anti-escocés que se quiera, pero no creo que nadie que ame el rugby pueda defender que sea justa la clasificación a cuartos de su selección nacional. A lo dicho por Old Phil en su blog sobre la mala estrategia samoana en la segunda parte (eso sí fue un homenaje al final de Masada), hay que sumar toneladas de suerte en el sorteo (grupo muy asequible) y en el calendario (fue clave jugar ante Japón, su auténtico rival, justo cuando estos únicamente habían contado con 3 días para recuperarse de su gesta épica ante los Springboks. Escocia, en cambio, se estrenaba fresca en el torneo), y ciertos errores arbitrales, como el primer try ante los samoanos, que era avant (la intención del palmeo de Seymour es clara, creo yo). Luego podemos hablar del estilo, porque si por una parte los nipones han desplegado un juego muy atrevido y atractivo, los caledonios siguen instalados en el modo ramplón y paquidérmico de los últimos 15 años. Y encima uno de sus pocos jugadores que ha tenido el honor de ser British Lion, como es Hogg, comete la peor (y fungolera) antideportividad del torneo. En fin, que un equipo que viene de quedarse con la Cuchara de Madera del VI Naciones por enésima vez, que perdió incluso con Italia en Murrayfield, acabe pasando a cuartos, quedándose fuera la gran Japón... El día que Escocia merezca algún laurel, seré el primero en reconocerlo y admirarlo. Pero como parece que la espera será larga, mientras tanto seguiré vaciando botellas de Macallan, Cardhu, Lagavulin o Glenfiddich.

         PD: confieso que no pude ver en directo el Partido del Siglo disputado en Manchester. Demasiada tensión, me hago mayor y el médico me ha aconsejado no exponer mi corazón a exigencias emocionales tan extremas, sobre todo cuando el resultado es tan incierto.

sábado, 10 de octubre de 2015

El gran día

       

        Al fin llegó el gran día. Ese momento tan esperado por el rugby inglés, el enfrentamiento supremo, la culminación de la magna obra de Suart 'The Great' Lancaster. ¡Al fin llegó el partido contra Uruguay! Si se vence, pero estará muy complicado, hay que reconocerlo (los dos ensayos charrúas ante Fidji obligarán a los locales a extremar las cautelas defensivas, por supuesto), nadie podrá decir que Lancaster ha fracasado. Acabar "contundentemente" este partido sin duda hará olvidar las derrotas ante Gales y Australia, claramente injustas, sobre todo la última, y dejará en la memoria de todos los rugbistas, pro y contra ingleses, la estampa sublime del gran rugby que al final ve coronadas sus trabajadas virtudes. Al fin llegó el partido de los partidos, la gran guerra. El día D, Ladies and Gentlemen!

miércoles, 7 de octubre de 2015

Las normas de Enrique VIII



         ¿Qué se pensaban, que uno podía derrotar impunemente a la Perfecta Albión y salir indemne? Siglos de grandeza nos contemplan, caballeros. Si la Federación de rugby se ha hecho el seppuku confiando en un indocumentado medio escocés, ahí está el incombustible Enrique VIII para devolver las cosas a su noble e inglés cauce. Y además lo ha hecho con criterio, porque no se le ha aparecido a Warburton, Gatland o Wynn Jones, sino a uno de los 9 ingleses de nacimiento con que cuenta Gales: Dan Lydiate. Traitor!
        Esto es un aviso: Enrique VIII, que todos sabemos que no iba de bromas, exige que Gales juegue el resto del torneo a la manera del cricket, es decir, con el nombre de Inglaterra. Lydiate ha entendido el mensaje, y su compañero de habitación, el capitán Warburton, parece que también pues lleva varias noches sin pegar ojo. Otros galeses corroboran la presión de ultratumba ejercida por ese gran monarca (que por supuesto también fue Señor de Irlanda, ojo al dato) que, entre otras cosas, respetaba muchísimo a la mujer ("estuvo casado seis veces ¡y sólo mató a dos!", decía en clase un conocido profesor de la UIB).
        Go Wales, go England! British or perish! El sábado ante Australia vestidos de blanco impoluto, caballeros, y cantando alto y claro el God save the Queen (o King, en este caso). También el Jerusalem y el Hope and Glory. Que si tiene que volver a aparecerse el espectro del rey Tudor será para llevarse a alguien a la Torre de Londres, querido Danny John...
        PD. Ya que estamos, dígamoslo bien alto: la futura grandeza de la Perfecta depende de renovar la estirpe enriquista de los reyes. ¡Harry Windsor al poder!

domingo, 4 de octubre de 2015

Quiero la cabeza de Alfredo García Lancaster

       

        Habrá que ir llamando a los Geos. O a los gurkas nepalíes, mejor dicho, para que desalojen del banquillo de Inglaterra a ese incompetente supino apellidado impropiamente Lancaster. Sus declaraciones de anoche no podían ser más indigestas. Ni dignidad ni sentido crítico. El tipo quiere seguir, cumpliendo su contrato ¡hasta 2020!, caiga quien caiga. Hasta ahora excusaba no haber ganado un solo VI Naciones en 4 años porque el equipo se estaba preparando para el Mundial. Se sacrificaba lo inmediato por una ganancia mejor. Un "vamos a estar listos para 2015" cuyo verdadero fin era no exigirle mucho al tipejo en 2012, 2013 y 2014. Tras la debacle, producida además con un juego miserable y una absoluta falta de control de las emociones (tan nerviosos han estado que parecían simples amateurs), ahora resulta que el "grupo de la muerte" era muy complicado y que Gales (una Gales con más lesionados que jugadores sanos!) y Australia son mejores que los mismísimos All Blacks... No puede ser más indigesto. También que no se puede olvidar "lo obtenido estos últimos años"!!! ¿Cómo quedamos? ¿No decías que lo bueno de verdad iba a llegar en este Mundial? Pues no, resulta que ya se había manifestado... Es como esos cristianos creo que adventistas o así que cuando fallan sus profecías sobre la Segunda Venida, se sacan de la manga una excusa para seguir prolongando la intriga. Esto debe ser originariamente una esotérica patada a seguir.
        Menos mal que periodistas como Andy Bull en The Guardian lo han masacrado tras el partido. Échenle un vistazo a su artículo, vale la pena. Toca una de las claves de la miserable era Lancaster: jugar a no perder, nunca ir a ganar. O perder por poquito y de forma más o menos digna (cosa que ayer evidentemente no se dio: fue un escándalo en toda regla, una debacle). El tipo se atrevió a decir anoche "No hemos perdido muchos partidos importantes"... Es de traca, no me digan que exagero. El colmo de su esperpéntica rueda de prensa llegó cuando se centró en el partido contra Uruguay, uno de los más tristes de la historia de Inglaterra, pero que resulta que supone una especie de desafío o algo así: "hay que acabar contundentemente". Se pregunta Bull si cree que una victoria de 50 puntos podría insuflar algún mínimo optimismo en los traumatizados seguidores de la rosa. Terrible, Inglaterra ha tenido a un demente al mando durante 4 años.
       Para ir acabando, Bull en su artículo deja en evidencia las ínfulas de Lancaster. Recordemos que es un tipo sin experiencia a primer nivel, ni como jugador ni tampoco como entrenador. Era un interino que milagrosamente se hizo con el mando. En su momento pontificaba sobre lo importante que sería controlar los nervios y la presión cuando llegara el Mundial. Se las daba de enterado en el asunto, de genio en la sombra que al final emergía de las profundidades para enseñarle a esos mequetrefes llamados Hansen, Schmidt, Gatland o Cheika cómo se hacen las cosas. Pues bien, si algo ha quedado claro, como recuerda Bull, es que Lancaster hacía un olímpico brindis al sol cuando peroraba de esa manera, porque es evidente que el cargo y el reto le venían muy pero que muy grandes (*). Su caso me recuerda al de Adolfo Suárez. Me refiero a que un tipo como Suárez, que no tenía ni idea de política internacional, tenía salidas de iluminado, cuando pensó que tenía solucionado el problema del Medio Oriente ("el cuello de botella de Ormuz"). El pobre quedó en evidencia cuando molestó a Jimmy Carter con sus delirios de grandeza de bachiller atolondrado. En fin.
        * Paul Rees, también en un artículo en The Guardian, señala esa distorsión teoría-práctica: "impressive on the drawing board but not at the battlefront" (aunque también es cierto que Rees debe tomar la misma droga alienante que Lancaster, porque se deshace en elogios hacia el soso Launchbury, incluso exigiendo que sea el nuevo capitán!).

La gran (y previsible) debacle lancasteriana

       

        Llegó un momento en la noche de ayer sábado en la que competían entre sí dos impulsos que no podían unificarse: tener razón o que gane Inglaterra. Al final tuve razón, y eso siempre reconforta, pero tira más abajo ver a la Perfecta hacer historia, en el mal sentido de la palabra, como el peor anfitrión que ha existido nunca en los mundiales. Por supuesto, lo mejor era que pasara lo que pasó: se lo dije a mis amigos Sergi y Nando, que me acompañaban en el pub Hogan's de Palma, que lo mejor era que el último ataque de Inglaterra que podría haber maquillado el marcador se frustrara en favor de un contraataque australiano que fijara claramente en el marcador la dimensión de la debacle. Si hubieran anotado los locales en el último ataque se habría cumplido lo que siempre ha sucedido con Lancaster estos últimos nefastos cuatro años: derrota digna y quedarse justo en la orilla. Esa situación de no ganar pero quedarse al borde es el engaño que ha propiciado la continuidad de este individuo siniestro en el banquillo de Inglaterra. No se ha ganado ni uno solo de los últimos cuatro VI Naciones, pero siempre se quedó segundo: fracaso, pero diluido por haber luchado hasta el final por el título. La Federación pensó que eso significaba un progreso (incluso otra calamidad como entrenador, como Johnno, al menos ganó un VI Naciones), y que el proyecto del Interino Usurpador podía acabar dando el do de pecho en el Mundial. Engañarse al final implica estas cosas: que despiertas en el peor momento posible, cuando ya no hay margen. Por tanto, la calamidad ha caído sobre Inglaterra con todo merecimiento teniendo en cuenta quién ha estado al mando (Lancaster y Federación). Por cierto, hay gente todavía más mediocre: como el mentecato que eligió como Man of the match, no se lo pierdan, al sosainas Launchbury, que jugó mal y además perdió, olvidándose de un tipo, como Foley, que gana el partido y consigue 2 tries (28 puntazos en total!). O de Pocock, inmenso en los rucks, este tipo es el mejor flanker del mundo.
        El otro día enumeré varias condiciones sine qua non para que tuvieran alguna opción los locales. No se dio ni una, por supuesto, pero es que encima falló, y de forma estrepitosa desde el mismo inicio, la que había sido roca del equipo todo este 2015: Mike Brown. Ha hecho un año espectacular, pero ayer disputó el peor partido de su vida. Calamitoso. Dos errores suyos al principio propiciaron los 10 primeros puntos australianos, pasillo abierto ya hacia la debacle inevitable. Ya sea por nervios, o por aceleración, primero pisó la línea de fondo y después un knock on estúpido, de manera que el jugador más fiable se sumaba al festival de la mediocridad (luego siguió pifiándola dejando sin placar a un imperial Foley que se había colado entre Youngs y Launchbury). Visto lo visto, sólo quedaba esperar que la paliza no fuera demasiado sangrante. Sin embargo, aprovechando la salida de un inestable Phipps, llegó el ensayo de Watson (no es de los suyos: suele ganar la línea por rapidez y condición escurridiza, pero esta vez tiró de potencia). Inglaterra quedaba sólo a 7 puntos de la salvación. Parecía increíble que, vista la debacle y el penoso juego desplegado, más propio de amateurs negados que de profesionales, se pudiera remontar. Otros habrían aprovechado la ocasión. Pero no esta Inglaterra lancasteriana, la antítesis de un equipo ganador. Volvieron a fallar, de nuevo, y llegó entonces la sentencia de Giteau, por cierto en una llegada muy al estilo Ashton, aunque imagino que pocos lo criticaran por ello (en España el odio a la 'Pérfida' suele hacernos perder la ecuanimidad). Casi prefiero haber perdido de esta maneta tan descarada, porque muchos todavía pedirían que siguiera Lancaster tras una derrota por la mínima y mostrando cierto nivel (algún trastornado como Andy Goode, tras la humillación histórica, pide seguir con el cáncer...).
        Un detalle evidencia la catastrófica planificación de Lancaster: el segundo ensayo de Foley es un calco exacto del que consiguiera este mismo jugador (sólo cambió sus partenaires en la jugada: ayer Beale, en noviembre Cummins) en Twickenham hace 11 meses. Miren el video que colgué ayer, que resume los highlights de ese partido. Incluso la repetición reeditó palos bajo los que posar. Fue el último encuentro que se había disputado contra los Wallabies, era lógico haber trabajado bien la jugada. Bien, pues no se hizo o, peor, se hizo mal, a la manera de Lancaster. Cómo ha cambiado el panorama de los Inglaterra-Australia en 11 meses. Un ejemplo: los scrums. Hace 11 meses, los locales masacraron a la delantera australiana. Ayer se cambiaron los tornas, en parte porque los wallabies ficharon al ex-puma Ledesma para mejorar en este aspecto del juego, y sin duda el resultado ha sido para enmarcar.


        Lo de Lancaster, de verdad, ha sido una cosa para analizar. El caso de Ford, por ejemplo. Como recuerda El País: todo el año trabajando al equipo a su alrededor, con buenos resultados en el VI Naciones, y a la primeras de cambio, por las dudas que generó ante Fidji (no él, ¡sino todo el equipo!), lo quita. Farrell cumple con el pie, pero es el apertura más inoperante que he visto en mucho tiempo. También lo de los centros: trabaja durante años a Twelvetrees y Burrell, y se los carga del Mundial sin sentido, para llevarse a Barritt (fuera de forma, lesionado desde hace meses) y Slade (el de Exeter sigue sin jugar un solo minuto). O lo de Attwood, pareja indiscutible de Lawes, que se quedó fuera en beneficio de medianías como Kruis o Launchbury. De Wigglesworth, aka Bulto Sospechoso, ya no tengo más que decir.
        En fin, el drama ya está consumado. Ya sólo queda liquidar el contrato de este pelele (¡la obtusa Federación le había ofrecido hace poco renovar hasta 2020! Espero que nunca más entrene un equipo de rugby profesional), que Robshaw pierda la capitanía (en beneficio de Morgan o Brown), y tratar de que esta generación, que de hecho es muy buena, vuelva a sentirse un equipo ganador. Lo primero: Tuilagi debe regresar lo antes posible al equipo. Él fue el artífice del único momento importante de la era Lancaster, la victoria ante Nueva Zelanda. También toca darle una oportunidad a Cipriani, que se la merecía en este Mundial. Y recuperar al casi siempre lesionado Corbisiero, el mejor prop izquierdo del mundo.
        Sin duda, desde Sir Clive Woodward, ganador del Mundial hace 12 años, Inglaterra no tiene suerte con los entrenadores: Robinson, Ashton, Johnno y el Interino. Hay que ir ahora a por un número uno, un tipo de perfil similar al de mis admirados Joe Schmidt o Jake White. O ellos mismos, claro. A ver si Irlanda o Montpellier se dejan robar la tostada.
        PD: para ganarle a Australia, hay que pasarse al cricket. Este verano, la Perfecta liderada por Alastair Cook, venció 3-2 a los aussies para reconquistar los Ashes.

sábado, 3 de octubre de 2015

El partido de los partidos: Apocalipsis o redención


        No me gusta utilizar en estos casos el término apocalipsis, porque su sentido originario no es el que acostumbramos a darle (lo mismo pasa con caos, del griego Xaos, que en realidad es hendidura, abertura, bastante parecido a cosmos, su supuesta némesis). Significa revelación, así que en este caso, en la primera opción, sería más adecuado usar la palabra hecatombe (pero apocalipsis queda más chulo en el título, llámenme puta...). A principios de semana para mí la hecatombe sería segura esta noche en un 99 % de posibilidades. Hoy pienso que ha bajado al 90 %. Por varios motivos:

        Ben Morgan y Joseph se han recuperado. Y Ben Youngs ha salido bien parado de sus molestias que le obligaron a abandonar el partido ante Gales, y entregar la manija inglesa a ese bulto sospechoso (y de trote cochinero, que diría Superbutano) apellidado Wigglesworth (si Inglaterra hiciera como los Allblacks, tal como señalé la semana pasada, es decir, quedarse lo mejor de las praderas tonganas, samoanas y fidjianas, y dejarles luego las sobras neocelandesas, Wigglesworth tendría que jugar con Gales o Escocia [mejor con Escocia, porque a Gales le tengo un cariño: en cricket ¡son ingleses!, como toca], a cambio de North o Halfpenny).
        Para ganar, tienen que darse, sí o sí, estas circunstancias:

        1) Que Morgan no se resienta de sus problemas físicos y juegue al menos 60 minutos. Ben Morgan es clave en el ataque inglés, y le tiene tomada la medida a los wallabies: en noviembre, victoria local en Twickenham con dos ensayos del ocho de Bristol (el video de arriba es un resumen del encuentro).
        2) Youngs ídem: debe volver a ser el medio scrum que maravillaba en su momento... hace ya demasiado. Su relevancia es mayor hoy porque si se lesiona el que saldrá en su lugar no es Danny 'Caballo Loco' Care, un medio scrum interesante y resultón (ideal para revolucionar partidos perdidos), sino el bulto sospechoso de los Sarries citado anteriormente.
        3) Es el momento de que Watson y Joseph demuestren su enorme talento. Tengo la certeza de que Watson llegará a ser el mejor ala del mundo (si no llega a serlo, la culpa será suya, que mi criterio es más infalible que el del inquilino de la plaza San Pedro), pero tras encandilar en los warm ups de agosto, anda bastante apagado este Mundial.
        4) Que se lesione Barritt a los 20 segundos y El Interino Usurpador se vea obligado a sustituirlo por Burgess (muy adecuadas sus condiciones para jugar frente a los australianos) o Ford (pasando a Farrell a la posición de primer centro).
        5) El partido debe decantarse a favor de los locales de forma clara en el descanso. O al menos afrontar sobrados los últimos 20 minutos. Si entramos en el último cuarto de partido con el marcador más o menos igualado, los nervios se comerán implacablemente a los ingleses como se zampaban los tupinamba a sus enemigos en pleno campo de batalla. 
        6) Ayudaría mucho que el temible Pocock se resfríe.Y que Genia no sea el de hace 4 años.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Ahora sí: Maracanazo en Twickenham



(tremenda la estampa: el Heredero haciéndole la corte a los galeses, mientras que Harry the Great se mantiene fiel al puntal del imperio)

        Es complicado ponerse a escribir esta entrada cuando hace tan poco que se produjo la catástrofe. Pero como no escribo más que para mí mismo, no pasa nada si se me va la mano y me dejo llevar por el cabreo. Porque motivos hay, y no será (vale, ahora me pongo algo ventajista, pero legítimamente ventajista) porque Filorugby no avisara de los peligros intrínsecos al proyecto del nefasto Stuart Lancaster, un tipo que no había entrenado a nadie en esto del rugby, al que le tocó la lotería de sustituir a Johnno, aunque sólo como interino, ya que la Federación había llegado a un pre-acuerdo con Nick Mallett. El caso es que, todavía no sé muy bien por qué (ya que, si no funcionó Mallett, se podría haber buscado alguna otra opción), Lancaster pasó de interino a oficial. Siempre ha estado discutido, porque en 4 años no ha ganado nada. Vale, sí, varias Calcutta Cup, pero sólo faltaría que no las hubiera conseguido ante la peor Escocia en décadas. El caso es que el equipo a ratos ofrecía buenos momentos, pero más por la calidad de la plantilla que por la dirección del entrenador. La victoria ante los Allblacks tuvo a un responsable supremo: Tuilagi. Lo he dicho en alguna ocasión: Inglaterra necesitaba un Schmidt para sacar rendimiento a su plantilla. Pero un tipo como Lancaster no era el adecuado de ninguna manera. Obsesionado con aumentar el nivel físico, ha dejado sin cubrir otros aspectos del juego. Para colmo, la preparación psicológica de la selección está demostrando que no existe. De acuerdo que hay mucha presión, que son anfitriones y todo lo que se quiera, pero no puede ser que los nervios te coman ante una medianía como Fidji y ante una Gales diezmada como nunca más va a estarlo en la vida. No puede ser que salvo Brown (de nuevo, el único que sigue a la altura), se vengan abajo cuando les toca pegar un puñetazo en la mesa.


        Ha sido una hecatombe lo de esta noche. Los últimos minutos han dado la medida de la incompresible psique quebradiza de esta equipo: maul a 5 metros casi con el tiempo cumplido que, en lugar de avanzar, es arrollado por la tropa galesa como si fueran peleles. Trataron de avanzar formando el maul en el mismo punto de la captura, demasiado cerca de la banda, con lo que ha sido fácil sacarlos del campo. Dos jugadas después, line out a favor, última opción para la épica, y al siempre mediocre Wigglesworth (¡increíble que este hombre esté por delante de Danny Care!) se le cae el oval de las manos... 25-28 ante una Gales en cuadro, destruida por las lesiones, que a los que ya llevaba de inicio se tuvo que sumar durante el encuentro, una batalla brutal en lo físico, dos Williams en camilla y Amos con un brazo tocado. Increíble, épico, lo de Gales pasará sin duda a la historia, pase lo que pase en este Mundial. Lo de Inglaterra también pasará, porque no tienen ni la más mínima opción de ganarle a Australia. Ninguna. Bueno, sólo una: que Brown no se resfríe y que Ben Morgan se recupere y pueda ser titular el sábado. Robshaw, otro que tal, no puede seguir como capitán (incluso un descanso en el equipo le vendría muy bien). Recordemos que lo de Robshaw con la capitanía es un poco como lo de Lancaster: fue un interino que se acabó quedando con el puesto, porque el designado de inicio para el liderazgo del equipo era Tom Wood. Nunca ha tenido autoridad ni criterio para una tarea tan importante.

    
        En cuanto al partido en sí, cabe decir que Inglaterra no lo tenía mal en la media parte, incluso a ratos jugaba bien. Pero, claro, se enfrentaba a un equipo muy tocado. Con Farrell tomando la iniciativa (es mejor placando que dirigiendo. Pero con el pie estuvo sensacional, incluso se inventó un drop), Burgess dinámico y con ganas de aportar y Ben Youngs más entonado que ante Fidji (de hecho, su lesión fue decisiva finalmente), llegó el ensayo de May tras una buena jugada de Brown y el citado Youngs. Dominaban fácilmente los scrums y en el line out cumplían sin mácula. Parecía incluso la promesa de más anotaciones, aunque sus ataques pecaban (otra rémora lancasteriana) de planos y lentos. Pero no, claro. Los últimos minutos de la primera parte ya dejaron ver por dónde iría el segundo tiempo: unos galeses con una dignidad de granito, envalentonados, lanzados al ataque porque nada tenían ya que perder. Y con un Biggar excelso con el pie. Por un momento pensé que Inglaterra debería salir a rematar el encuentro tras el receso. Y más con el escenario visitante, más propio de Little Big Horn que de Twickenham, de la imparable epidemia de lesionados en su equipo. La parafernalia era incluso sádica: tras un ataque inglés, fueron cuatro los galeses caídos. Dos tuvieron que irse inmovilizados en el cochecito, y otro con un brazo muy tocado. Parecía como si Gatland mismo tuviera que salir a defender la zamarra roja del dragón. O Gareth Thomas, que no se lo creía al final del encuentro en la sala de comentaristas de la tv inglesa (junto a unos pasmados Wilko y Sir Clive Woodward).
        Pero la clave llegó en el minuto 69. De nuevo, la cobardía lancasteriana. La cobardía que a Australia le hizo perder el bonus opfensivo ante Fidji. La cobardía que no tuvo Japón ante Sudáfrica, y he ahí su gesta. El caso: penalty a favor cerca de la marca, 22-18 en el marcador, y los anfitriones no buscan plasmar su superioridad y el desconcierto galés ante tantas adversidades. Van al tiro a palos fácil, para dejar el 25-18. Pensaban que ponían tierra de por medio y se acercaban a la victoria. Cuando lo que propiciaron, por no saber leer la dramaticidad del encuentro, fue un arreón increíble de los visitantes, que por un momento debieron sentirse más en Cardiff que en Londres, porque apabullaron a sus socios de la Unión para destruir sus líneas consiguiendo un try sensacional, aprovechando una clara superioridad por el flanco izquierdo y con un pase cruzado con el pie (Lloyd Williams) hacia los palos que acabó con pose de Gareth Davies (parecían Camberabero y Saint Andre hace 24 años). Jugaban como si fuera el último encuentro de sus vidas. De cada adversidad sacaban petróleo: no estaba Halfpenny para patear, pero Biggar fue infalible; no estaba Rhys Webb, pero Davies ensaya; se lesiona Amos, pues el tercer medio scrum (que sin la lesión de Webb no habría viajado a Inglaterra) ocupa su lugar y propicia el ensayo salvador, etc. Luego, una nueva penalización en los amontonamientos, fue cobrado por Biggar para dejar el 25-28 final. Luego sí fueron valientes, buscando el try antes que los palos, seguramente para compensar lo de 8 minutos antes (o el célebre cague de Robshaw ante los Springboks hace 3 años), pero también se equivocaron: faltaban 3 minutos, podrían haber asegurado el empate y luego buscar la victoria. Pero lo peor fue la estampa: se entregaron a la épica pero no tenían espíritu para eso, estaban anulados, lívidos. Fue el seppuku final. Fíjense lo que sucede cuando uno no sabe ganar, cuando el miedo ya ha vampirizado sus extremidades y sus almas. Pollos sin cabeza (sin entrenador ni capitán) que frustrarán las ilusiones de un país. En fin, una puta vergüenza. El sábado ante Australia será un día apocalíptico (he leído en BBC Rugby que ya usan este término) para el rugby inglés, podría ser el primer caso de anfitrión que no pasa de la fase de grupos. Una infamia.
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