Pasarán años y seguramente no volveremos a ver una machada defensiva como la de los Wallabies ayer en Twickenham. Si hace 2.000 años por esos lares se construía el Muro de Adriano, anoche se edificó en la vieja Londinium el Wallaby Wall, que no necesitó abarcar 117 km para contener a los celtas. Ya lo ha contado
el maestro Old Phil
con su habitual talento. El espectáculo fue asombroso, una emulación en
clave oval de la refriega en las Termópilas. Parecían defender a sus
mujeres e hijos de la torrencial invasión de los hunos. Les iba la vida. En este caso la épica no finalizó con una inmolación
masadiana sino con un éxito que eleva a los australianos como favoritos al torneo. Con 13
aguantaron el chaparrón, y después con 14 atacaron con precisión hasta
el punto de quedarse a muy poco del try. Siete minutos estuvieron con
doble inferioridad, pero desplegaron un escudo defensivo de consistencia
granítica, con Moore a la cabeza. La afición aussie se estará
preguntando por qué, tras los fallidos Deans y McKenzie, no ficharon a
Cheika antes. Y luego el scrum: ojo que el trabajo de Mario Ledesma
puede ser de absoluta antología. Cualquiera que recuerde cómo fue
barrido el paquete australiano hace 11 meses en Twickenham, y en cambio
lo ve ahora con los mismos jugadores arrollar a ingleses y galeses
(incluso con sólo 7 en el scrum aguantaban el tipo!), valorará un
milagro alquímico que puede ser clave en el torneo. Que aprendan otros (ya saben
por dónde voy): se trata de analizar qué falla y mirar de solucionarlo,
no enclaustrarse en una burbuja paranoica e infantil.
Pero sin por un lado el mérito de anoche está claro, por el otro el demérito no puede olvidarse. Porque los galeses desaprovecharon una oportunidad única con todo a su favor, incluso los Duques de Cambridge. Por mucho que Australia desplegara un telón de hierro en el campo, una superioridad de 15 contra 13, en el momento culminante del encuentro, no podía clausurarse de manera tan estéril. Brío no les faltó (sí ese puntillo asesino que sólo despliegan ante Inglaterra, como el Atlético de Madrid ante el Realísimo), pero se careció de ideas, porque, como señala el maestro Blakeway, un tono más pausado para agrupar, atrayendo rivales al ruck, y luego abrir rápidamente a los extremos podría haber dado réditos. North fue placado dos veces a punto de ensayar (gran neutralización de McCalman en el primer caso), Liam Williams una y Faletau desperdició un try casi hecho al caérsele el oval. Al final sigue respetándose la tradición, y ya son 11 las derrotas consecutivas (en 7 años) de los galeses a manos de los australianos. Creo que la clave estuvo en no salir vestidos de blanco y entonando el
God save the King Harry, pero qué le vamos a hacer, nadie es perfecto. De todas maneras, tienen opciones de repetir semifinales, porque a los sudafricanos les ganaron el pasado otoño. Por supuesto, eso tampoco es una garantía, porque Gales tiene bajas sensibles y los Springboks están en fase ascendente, entregados a su viejo estilo de rinocerontes desbocados, aunque ni mucho menos acaban de convencer. En cambio, no habrá intriga en el otro cruce, Australia ya está en semifinales.
Después de la miel, la indigestión. O, más que después, antes, porque jugaron más pronto, en Newcastle. Seré todo lo anti-escocés que se quiera, pero no creo que nadie que ame el rugby pueda defender que sea justa la clasificación a cuartos de su selección nacional. A lo dicho por Old Phil en su blog sobre la mala estrategia samoana en la segunda parte (eso sí fue un homenaje al final de Masada), hay que sumar toneladas de suerte en el sorteo (grupo muy asequible) y en el calendario (fue clave jugar ante Japón, su auténtico rival, justo cuando estos únicamente habían contado con 3 días para recuperarse de su gesta épica ante los Springboks. Escocia, en cambio, se estrenaba fresca en el torneo), y ciertos errores arbitrales, como el primer try ante los samoanos, que era avant (la intención del palmeo de Seymour es clara, creo yo). Luego podemos hablar del estilo, porque si por una parte los nipones han desplegado un juego muy atrevido y atractivo, los caledonios siguen instalados en el modo ramplón y paquidérmico de los últimos 15 años. Y encima uno de sus pocos jugadores que ha tenido el honor de ser British Lion, como es Hogg, comete
la peor (y fungolera) antideportividad del torneo. En fin, que un equipo que viene de quedarse con la Cuchara de Madera del VI Naciones por enésima vez, que perdió incluso con Italia en Murrayfield, acabe pasando a cuartos, quedándose fuera la gran Japón... El día que Escocia merezca algún laurel, seré el primero en reconocerlo y admirarlo. Pero como parece que la espera será larga, mientras tanto seguiré vaciando botellas de Macallan, Cardhu, Lagavulin o Glenfiddich.
PD: confieso que no pude ver en directo el Partido del Siglo disputado en Manchester. Demasiada tensión, me hago mayor y el médico me ha aconsejado no exponer mi corazón a exigencias emocionales tan extremas, sobre todo cuando el resultado es tan incierto.